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En Francia hay limolios – Día 5

Antes de nada,  decir, que voy a quitar de la página principal el resto de artículos para no ocupar demasiado espacio, si alguien tiene interés en leer los demás días , lo puede hacer pinchando el artículo correspondiente  en la sección “limolianos por el mundo” que aparece en la parte superior de la derecha.

Hoy nos hemos levantado a la hora de siempre, 7:30, en este país, si quieres desayunar tienes que madrugar. El desayuno de hoy era abundante y nos hemos visto en la obligación de guardar algunos víveres para el resto del día, algo de fruta y cereales, que nunca vienen mal.

Tras pagar el albergue nos dirigimos a la oficina de turismo de Granville allí nos han dado el mismo mapa que ya poseíamos y nos han dicho que realmente la ciudad tiene poco para ver, que está dedicada más a temas náuticos que a otra cosa. Desde mi punto de vista, tiene mimbres para explotarla un poquito  más. Tras visitar un par de sitios que nos han parecido interesantes, hemos partido hacia las playas del desembarco, desde Granville, dirección Bayeux, donde hemos hecho parada para admirar los tanques que allí se encuentran, y desde donde hemos continuado dirección Colleville, lugar en el que se encuentra un cementerio con más de 9.000 lápidas de soldados americanos caídos en tierras francesas en  el desembarco del 6 de Julio de 1944 y fechas posteriores. Es impresionante ver tanta lápida en forma de cruz, sobre una alfombra de césped interminable, entre ellas hemos encontrado la lápida de Theodore Roosevelt JR, condecorado con medalla de honor.

El cementerio está sobre la playa de Omaha, que junto a Utha beach son las dos en las que desembarcaron los americanos. Canadienses y británicos desembarcaron en otras playas como por ejemplo Sword beach.

Hemos paseado por la playa, mientras imaginábamos el horror que tuvo que suponer la batalla y la grandiosidad de la misma. Durante el paseo nos hemos encontrado con un niño francés vestido con un uniforme americano auténtico de la segunda guerra mundial. Estaba sentado en la arena con su padre y su hermana y no le faltaba detalle, llevaba mochila, linternas, cinturón, botas, boina e incluso un casco con gafas que le he pedido para hacerme una foto junto a él.

Posteriormente hemos subido por la ladera donde hemos encontrado un resto de lo que en su día debieron ser baterías de ametralladoras.

Con tanto caminar, se nos había echado la hora de comer encima, a las 15 horas en Francia es muy difícil que te den de comer, con lo cual, compramos en un supermercado y hemos hecho un picnic en el césped del parking, que nos ha sabido divino.

Tras evaluar el tiempo que nos quedaba y sabiendo que distaban 300 km de Blois, decidimos suprimir la visita a Caen, capital de La Normandía, para así llegar en hora de recepción al alojamiento del Valle del Loyra.

Alrededor de las 21 horas llegábamos a Blois, hemos dejado el equipaje y nos hemos ido al centro de la ciudad a cenar algo.

Por lo que hemos visto, la ciudad no pinta mal, tiene ambientecillo, pero será mañana cuando lo apreciemos mejor junto con las visitas a Chambord y Amboise.

 
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En Francia hay limolios – Día 4

Saludos limolianos para todo el mundo; como podéis comprobar, en el albergue de Granville también tenemos Internet, y os puedo asegurar que es mucho mejor que el que hemos tenido en Rennes.

Hoy, podríamos decir, que el día ha comenzado antes que otros días, teníamos que recoger todo para abandonar el albergue de Rennes, realizar la visita de la ciudad y así poder abandonar la Bretaña y partir hacia tierras Normandas.

El día ha amanecido bastante nublado, y la llovizna nos ha acompañado durante toda la visita a Rennes, que tiene entre sus máximos exponentes la Abadía San Melaine justo al lado del parque Thaor, uno de los más importantes de Francia, con una pajarera impresionante y unos jardines espectacularmente cuidados. No hay que perderse tampoco  el Parlamento, las Puertas Mordelaises, ni la plaza del Consistorio y la Ópera. La Ópera, construida después que el Consistorio, está justo enfrente y diseñada de tal forma que si juntásemos ambos edificios, encajarían perfectamente como si de un puzle se tratase. Por otro lado, uno de los atractivos de Rennes, lo podemos encontrar en sus plazas, con numerosas terrazas para tomarse algo y sus casas antiguas con vigas de madera, que torcidas por el paso del tiempo se juntan unas con otras creando una vista cuando menos curiosa.

Realizando la visita al palacio de  Madelaine de la Fayette, actual parque de bomberos de la ciudad, entablamos conversación con una mujer francesa a la que dijimos que iríamos a Saint Michel ese mismo día. Nos aconsejó que tal y como estaba el día, nos abrigásemos y que si no íbamos con guía, que no nos aventurásemos a andar por la arena, alrededor de la Abadía puesto que nos arriesgábamos a hundirnos y tener serios problemas para conseguir salir.

Tras finalizar la visita y resolver nuestros problemas para localizar la calle en la que habíamos dejado el coche, partimos hacia tierras normandas, más concretamente el Mont Saint Michel.

Decidimos dejar el coche en el camping que hay 2km antes, comer algo por allí y caminar hasta la Abadía, y así hicimos, tras 2km caminado a la vez que admirando en la lejanía tal inverosímil obra humana, llegamos al lugar, todavía impresionados por la fuerza de las mareas, que igual es capaz de estar a 18 km de distancia de la Abadía como de cubrirla por todos sus flancos.

A eso de las 4 de la tarde y con el tiempo aun nublado entramos en el pueblecito y recorrimos los peldaños suficientes para llegar a la entrada de la Abadía. El recorrido interior lleva algo más de 2 horas realizarlo, haciendo alarde así de la grandiosidad de la construcción, que ahora vemos y que ha sido forjada durante siglos, con muy diferentes aspectos a lo largo del tiempo como podemos apreciar en las maquetas expuestas. Las vistas desde las terrazas y el claustro son realmente espectaculares. A partir de las 19 horas, comienza la visita nocturna, muy recomendable ya que es guiada y se realiza a la luz de las velas, si ya de por sí, es un lugar sobrecogedor de día, no os quiero ni contar lo que debe de  ser en penumbra.

Tras acabar la visita, volvimos a recorrer entre comentarios de admiración por lo que habíamos visto, risas y canciones los 2 km que nos separaban del lugar donde aparcamos. Desde allí y ya montados en el coche nos dirigimos hacia nuestro nuevo albergue en Granville con alguna parada intermedia en busca de algo para la cena, cosa difícil la de compatibilizar nuestros horarios con los de esta gente, desde las 7 de la tarde no encuentras nada abierto.. La ciudad es muchísimo más grande de lo que nos esperábamos y hemos tenido que pedir ayuda a un gendarme para que nos indicara en un más que aceptable inglés como llegar al mismo.

Realmente, no es un albergue, es una especie de club náutico y las habitaciones, tienen vistas a la playa.

Tras cenar unas ensaladas, unas hamburguesillas con patatas, algunas latillas que quedaban por ahí sueltas y algo de fruta, nos echamos un campeonato de pin-pon y a eso de las 12 de la noche, hemos decidido que era hora de subir a las habitaciones, puesto que mañana tras visitar algunos lugares de la baja Normandía, como el mismo Granville y Caen, partiremos hacia el valle del Loyra en lo que será la última fase de nuestro viaje.

 
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