En Francia hay limolios – Día 3

El día anterior había sido intenso y agotador lo que nos llevó a caer rendidos y dormir como lirones. Alrededor de las 8 de la mañana bajamos a por nuestro abundante desayuno, luego subimos a las habitaciones a por todo lo necesario para la jornada y esperamos a que bajaran Carlos y Moni  jugando al pin-pon. Tras un peloteo nos pusimos en marcha dirección Dinan, una ciudad medieval de la que esperábamos mucho menos de lo que nos ha brindado. Hemos quedado maravillados con sus calles y arquitectura, ciudad en la que encuentras rincones de ensueño y donde te transportas a tiempos pasados a la vez que caminas por ella. Durante nuestro tránsito por la misma, nos detuvimos en varias ocasiones a escuchar a los diversos músicos que se apostaban sobre el empedrado y que ayudaban a generar esa atmósfera medieval que envuelve a la ciudad.

Tras finalizar nuestro periplo por Dinan, nos dirigimos hacia la cercana Dinard, ciudad de aproximadas dimensiones, pero con un estilo más señorial y refinado. Realmente poco que ver, salvo un pasero construido sobre las rocas, que cuando las mareas te lo permiten te lleva hacia un mirador desde el que puedes contemplar Saint Malo. Como la hora de comer se nos echaba encima y no estamos en un país donde las cocinas permanezcan abiertas más tarde de las 14 horas, decidimos buscar algún sitio donde reponer fuerzas, y así lo hicimos, con un menú a base de Gazpacho de Melón y Papillote de Salmón. Una exquisitez de comida y a un precio más que razonable.

Ya con los estómagos trabajando a pleno rendimiento, nos dirigimos a Saint Malo.Tras unas cuentas vueltas nos dimos cuenta que solo metiendo el coche en el Parking íbamos a ser capaces de ver algo en la ciudad. Nos dirigimos hacia la oficina de turismo, donde nos dimos cuenta que solo  con saber hacer in círculo en la “i” de usted está aquí nos valdría para trabajar allí. Entramos en la ciudad Intramuros, lugar que en 1944 fue devastado en un 80% por los bombarderos alemanes, con lo cual, os podéis imaginar que todo lo que se encuentra allí son reconstrucciones de lo que en el siglo XIX se convirtió en uno de los centros económicos más importantes del país debido a su puerto. Caminado por la ciudadela y después de comprar y degustar un crep de nutella y chantilly  y un super mega gofre de chocolat y chantilly  llegamos hasta la playa. La marea estaba bastante baja, extendimos las toallas y montamos un tenderete para  ponernos los bañadores sin causar escándalos y pasar una preciosa tarde de playa. Cuanto el sol dejó de calentar lo suficiente nos calzamos y caminamos hacia un monte desde el que se tienen buenas vistas de los fuertes que en su día protegían el puerto, el Grand y Petit Bé. A este lugar y a los mismos fuertes solo se puede acceder si las mareas lo permiten.

A eso de las 20:00 horas nos dirigimos bordeando la muralla hacia el aparcamiento para ya tomar rumbo al albergue, ducharnos y preparar algo de Cena.

Esta es nuestra última noche en Rennes, mañana acabaremos la jornada en un nuevo albergue en Granville donde pernoctaremos una sola noche. Lo que pase entre medias, lo contaremos llegado el día si disponemos de Internet.

 

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