En Francia hay limolios – Día 7

Saludos a todos l@s limolian@s

Como me temía y habéis podido comprobar, el ultimo día de viaje, no dispusimos de Internet para poder enviar nuestro articulo diario, y no porque el camping de Biarritz no tuviera wifi, sino porque la ultima noche de nuestro viaje, la tuvimos que pasar en la calle.

El día amaneció temprano, como siempre, tras el desayuno de rigor, partimos hacia el castillo de Blois, último castillo del pack que habíamos adquirido. Quizá de los que hemos visto es el que mas mezcla de estilos tiene, gótico, gótico flamígero, renacentista… una mezcla, prueba inequívoca del paso del tiempo sobre el mismo.

Actualmente se visita el ala derecha, donde podemos ver valiosos e históricos objetos así como revivir importantes episodios de la historia francesa, como el asesinato del duque de Guisa en 1588. El ala izquierda del Castillo alberga actualmente una exposición de arte que también se puede visitar con la misma entrada.

Tras finalizar la visita, nos subimos el coche y pusimos rumbo a Amboise para ver desde fuera su castillo. Antes de llegar a Amboise nos paramos a contemplar el castillo de Chenonceaux. Posteriormente llegamos a Amboise. La visita fue rápida, dejamos el coche, rodeamos el castillo y buscamos un punto desde el que fotografiarlo. Una vez conseguido, seguimos nuestro camino hacia Biarritz.

Durante el viaje, hicimos varias paradas para comer, descansar y cambiar de conductor, la verdad que en Francia, encuentras bastantes áreas de descanso en la carretera. En una de ellas, después de comer nos montamos un pequeño campeonato de Pin-pon para bajar la comida y no ir en el coche tan pesados.

A eso de las 20:30 horas llegábamos a Biarritz, ciudad que no conocía salvo de haber dejado el coche de Carlos en el aeropuerto 7 días atrás. Nos pareció impresionante, muy grande, con unas mansiones espectaculares, mucho ambiente y unas vistas al mar preciosas. Allí contemple una de las puestas de sol más bonitas de mi vida.

Tras dar varias vueltas por la ciudad fuimos dando con los campings y hasta en cinco ocasiones nos dijeron que era imposible alojarse, que estaban completos. Para nuestra sorpresa habíamos coincidido con un festival de música que se celebraba en la playa y aquello estaba atestado de gente. Finalmente y dado que eran las 23:00 horas decidimos acampar en el parking exterior del ultimo camping en el que habíamos probado suerte. Colocamos los coches de forma que preservaran nuestra intimidad y tras unas cervezas y unas pizzas en el chiringuito del camping instalamos los colchones y sacos para dormir no sin antes haber visitado los servicios del camping para asearnos y demás. Ante esta situación, espero me perdonéis por no haber podido completar el articulo final en fecha, si bien ya estabais avisados de que posiblemente me fuera imposible.

Quisiera agradecer a Carlos y Moni su compañía durante este viaje, “Con vosotros da gusto viajar y sin vosotros el viaje no hubiera sido igual”, creo que todo lo demás sobra.

También agradecer a todos aquellos que estabais esperando cada día para leer nuestros artículos y así saber de nosotros, hace falta esa motivación para ponerse a escribir a las 12 de la noche después de estar todo el día fuera. Aitor, gracias a t también por el apoyo informático que nos has dado desde España.

Sin más, nos despedimos de tod@s hasta nuestra próxima aventura.

 
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En Francia hay limolios – Día 6

Saludos limolianos a todos.

Como de costumbre, hoy hemos madrugado para desayunar y pronto nos hemos puesto en marcha. La primera parada, la oficina de turismo de Blois. Nos recomendaron un paquete de entradas a 3 castillos, Chambord, Cheverny y Blois y es lo que hemos hecho.

El primero en ser visitado ha sido el castillo de Chambord, que está dentro del denominado bosque de Bolonia, el mayor parque forestal cerrado de Europa. El castillo está considerado una joya arquitectónica nacido del sueño y la desmesura de Francisco I. Posee 440 habitaciones, 84 escaleras y 365 chimeneas. Llama la atención la refinada ornamentación y su simetría, sin duda herencia del Renacimiento italiano.

Tras algo más de dos horas de visita, decidimos salir a comer en una terracita cercana al castillo. Después de una larga sobremesa, volvimos al coche para ir al cercano pueblo que da nombre al castillo de Cheverny. Una vez dejamos el coche en el parking, anduvimos hacia el castillo, deteniéndonos primero en una curiosa plaza en la que había aparcados al menos 10 coches clásicos que debían estar de ruta. Tras unos minutos de admiración y fotos, finalmente llegamos a los dominios de Cheverny. Este castillo, es bastante sencillo en su parte exterior con respecto al castillo de Chambord, pero con un interior impresionante, por la abundante ornamentación, tapices, objetos y demás que allí se conservan. La sala de armas, es una auténtica maravilla. Los jardines son muy bonitos y el entorno es una alfombra de césped, rodeada de un antiguo bosque de caza. Si te acercas al canal, además de cisnes, si tienes suerte puedes divisar algún castor. Otro de los atractivos del castillo es sin duda la jauría de cien perros franceses de caza que allí se encuentra.

También decir que este castillo inspira al creador de Las aventuras de Tintín, es el Castillo de Moulinsart que aparece en la citada obra.

Una vez finalizada la visita volvimos a Blois, donde nos hospedamos y donde mañana visitaremos el castillo que nos falta por ver y con el cual finalizamos el pack de visitas que hemos adquirido, aunque de camino a Biarritz, pasaremos por Amboise para ver, únicamente desde fuera, la imponente fachada del castillo de mismo nombre que la ciudad.

La noche de mañana la pasamos en un camping de Biarritz y no sabemos si dispondremos de Internet, con lo cual, tengo la misma incertidumbre que vosotros acerca de si habrá un nuevo episodio de nuestro viaje por Francia. De no poder ser, os doy mi palabra de que lo completaré al volver a España.

 
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En Francia hay limolios – Día 5

Antes de nada,  decir, que voy a quitar de la página principal el resto de artículos para no ocupar demasiado espacio, si alguien tiene interés en leer los demás días , lo puede hacer pinchando el artículo correspondiente  en la sección “limolianos por el mundo” que aparece en la parte superior de la derecha.

Hoy nos hemos levantado a la hora de siempre, 7:30, en este país, si quieres desayunar tienes que madrugar. El desayuno de hoy era abundante y nos hemos visto en la obligación de guardar algunos víveres para el resto del día, algo de fruta y cereales, que nunca vienen mal.

Tras pagar el albergue nos dirigimos a la oficina de turismo de Granville allí nos han dado el mismo mapa que ya poseíamos y nos han dicho que realmente la ciudad tiene poco para ver, que está dedicada más a temas náuticos que a otra cosa. Desde mi punto de vista, tiene mimbres para explotarla un poquito  más. Tras visitar un par de sitios que nos han parecido interesantes, hemos partido hacia las playas del desembarco, desde Granville, dirección Bayeux, donde hemos hecho parada para admirar los tanques que allí se encuentran, y desde donde hemos continuado dirección Colleville, lugar en el que se encuentra un cementerio con más de 9.000 lápidas de soldados americanos caídos en tierras francesas en  el desembarco del 6 de Julio de 1944 y fechas posteriores. Es impresionante ver tanta lápida en forma de cruz, sobre una alfombra de césped interminable, entre ellas hemos encontrado la lápida de Theodore Roosevelt JR, condecorado con medalla de honor.

El cementerio está sobre la playa de Omaha, que junto a Utha beach son las dos en las que desembarcaron los americanos. Canadienses y británicos desembarcaron en otras playas como por ejemplo Sword beach.

Hemos paseado por la playa, mientras imaginábamos el horror que tuvo que suponer la batalla y la grandiosidad de la misma. Durante el paseo nos hemos encontrado con un niño francés vestido con un uniforme americano auténtico de la segunda guerra mundial. Estaba sentado en la arena con su padre y su hermana y no le faltaba detalle, llevaba mochila, linternas, cinturón, botas, boina e incluso un casco con gafas que le he pedido para hacerme una foto junto a él.

Posteriormente hemos subido por la ladera donde hemos encontrado un resto de lo que en su día debieron ser baterías de ametralladoras.

Con tanto caminar, se nos había echado la hora de comer encima, a las 15 horas en Francia es muy difícil que te den de comer, con lo cual, compramos en un supermercado y hemos hecho un picnic en el césped del parking, que nos ha sabido divino.

Tras evaluar el tiempo que nos quedaba y sabiendo que distaban 300 km de Blois, decidimos suprimir la visita a Caen, capital de La Normandía, para así llegar en hora de recepción al alojamiento del Valle del Loyra.

Alrededor de las 21 horas llegábamos a Blois, hemos dejado el equipaje y nos hemos ido al centro de la ciudad a cenar algo.

Por lo que hemos visto, la ciudad no pinta mal, tiene ambientecillo, pero será mañana cuando lo apreciemos mejor junto con las visitas a Chambord y Amboise.

 
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En Francia hay limolios – Día 4

Saludos limolianos para todo el mundo; como podéis comprobar, en el albergue de Granville también tenemos Internet, y os puedo asegurar que es mucho mejor que el que hemos tenido en Rennes.

Hoy, podríamos decir, que el día ha comenzado antes que otros días, teníamos que recoger todo para abandonar el albergue de Rennes, realizar la visita de la ciudad y así poder abandonar la Bretaña y partir hacia tierras Normandas.

El día ha amanecido bastante nublado, y la llovizna nos ha acompañado durante toda la visita a Rennes, que tiene entre sus máximos exponentes la Abadía San Melaine justo al lado del parque Thaor, uno de los más importantes de Francia, con una pajarera impresionante y unos jardines espectacularmente cuidados. No hay que perderse tampoco  el Parlamento, las Puertas Mordelaises, ni la plaza del Consistorio y la Ópera. La Ópera, construida después que el Consistorio, está justo enfrente y diseñada de tal forma que si juntásemos ambos edificios, encajarían perfectamente como si de un puzle se tratase. Por otro lado, uno de los atractivos de Rennes, lo podemos encontrar en sus plazas, con numerosas terrazas para tomarse algo y sus casas antiguas con vigas de madera, que torcidas por el paso del tiempo se juntan unas con otras creando una vista cuando menos curiosa.

Realizando la visita al palacio de  Madelaine de la Fayette, actual parque de bomberos de la ciudad, entablamos conversación con una mujer francesa a la que dijimos que iríamos a Saint Michel ese mismo día. Nos aconsejó que tal y como estaba el día, nos abrigásemos y que si no íbamos con guía, que no nos aventurásemos a andar por la arena, alrededor de la Abadía puesto que nos arriesgábamos a hundirnos y tener serios problemas para conseguir salir.

Tras finalizar la visita y resolver nuestros problemas para localizar la calle en la que habíamos dejado el coche, partimos hacia tierras normandas, más concretamente el Mont Saint Michel.

Decidimos dejar el coche en el camping que hay 2km antes, comer algo por allí y caminar hasta la Abadía, y así hicimos, tras 2km caminado a la vez que admirando en la lejanía tal inverosímil obra humana, llegamos al lugar, todavía impresionados por la fuerza de las mareas, que igual es capaz de estar a 18 km de distancia de la Abadía como de cubrirla por todos sus flancos.

A eso de las 4 de la tarde y con el tiempo aun nublado entramos en el pueblecito y recorrimos los peldaños suficientes para llegar a la entrada de la Abadía. El recorrido interior lleva algo más de 2 horas realizarlo, haciendo alarde así de la grandiosidad de la construcción, que ahora vemos y que ha sido forjada durante siglos, con muy diferentes aspectos a lo largo del tiempo como podemos apreciar en las maquetas expuestas. Las vistas desde las terrazas y el claustro son realmente espectaculares. A partir de las 19 horas, comienza la visita nocturna, muy recomendable ya que es guiada y se realiza a la luz de las velas, si ya de por sí, es un lugar sobrecogedor de día, no os quiero ni contar lo que debe de  ser en penumbra.

Tras acabar la visita, volvimos a recorrer entre comentarios de admiración por lo que habíamos visto, risas y canciones los 2 km que nos separaban del lugar donde aparcamos. Desde allí y ya montados en el coche nos dirigimos hacia nuestro nuevo albergue en Granville con alguna parada intermedia en busca de algo para la cena, cosa difícil la de compatibilizar nuestros horarios con los de esta gente, desde las 7 de la tarde no encuentras nada abierto.. La ciudad es muchísimo más grande de lo que nos esperábamos y hemos tenido que pedir ayuda a un gendarme para que nos indicara en un más que aceptable inglés como llegar al mismo.

Realmente, no es un albergue, es una especie de club náutico y las habitaciones, tienen vistas a la playa.

Tras cenar unas ensaladas, unas hamburguesillas con patatas, algunas latillas que quedaban por ahí sueltas y algo de fruta, nos echamos un campeonato de pin-pon y a eso de las 12 de la noche, hemos decidido que era hora de subir a las habitaciones, puesto que mañana tras visitar algunos lugares de la baja Normandía, como el mismo Granville y Caen, partiremos hacia el valle del Loyra en lo que será la última fase de nuestro viaje.

 
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En Francia hay limolios – Día 3

El día anterior había sido intenso y agotador lo que nos llevó a caer rendidos y dormir como lirones. Alrededor de las 8 de la mañana bajamos a por nuestro abundante desayuno, luego subimos a las habitaciones a por todo lo necesario para la jornada y esperamos a que bajaran Carlos y Moni  jugando al pin-pon. Tras un peloteo nos pusimos en marcha dirección Dinan, una ciudad medieval de la que esperábamos mucho menos de lo que nos ha brindado. Hemos quedado maravillados con sus calles y arquitectura, ciudad en la que encuentras rincones de ensueño y donde te transportas a tiempos pasados a la vez que caminas por ella. Durante nuestro tránsito por la misma, nos detuvimos en varias ocasiones a escuchar a los diversos músicos que se apostaban sobre el empedrado y que ayudaban a generar esa atmósfera medieval que envuelve a la ciudad.

Tras finalizar nuestro periplo por Dinan, nos dirigimos hacia la cercana Dinard, ciudad de aproximadas dimensiones, pero con un estilo más señorial y refinado. Realmente poco que ver, salvo un pasero construido sobre las rocas, que cuando las mareas te lo permiten te lleva hacia un mirador desde el que puedes contemplar Saint Malo. Como la hora de comer se nos echaba encima y no estamos en un país donde las cocinas permanezcan abiertas más tarde de las 14 horas, decidimos buscar algún sitio donde reponer fuerzas, y así lo hicimos, con un menú a base de Gazpacho de Melón y Papillote de Salmón. Una exquisitez de comida y a un precio más que razonable.

Ya con los estómagos trabajando a pleno rendimiento, nos dirigimos a Saint Malo.Tras unas cuentas vueltas nos dimos cuenta que solo metiendo el coche en el Parking íbamos a ser capaces de ver algo en la ciudad. Nos dirigimos hacia la oficina de turismo, donde nos dimos cuenta que solo  con saber hacer in círculo en la “i” de usted está aquí nos valdría para trabajar allí. Entramos en la ciudad Intramuros, lugar que en 1944 fue devastado en un 80% por los bombarderos alemanes, con lo cual, os podéis imaginar que todo lo que se encuentra allí son reconstrucciones de lo que en el siglo XIX se convirtió en uno de los centros económicos más importantes del país debido a su puerto. Caminado por la ciudadela y después de comprar y degustar un crep de nutella y chantilly  y un super mega gofre de chocolat y chantilly  llegamos hasta la playa. La marea estaba bastante baja, extendimos las toallas y montamos un tenderete para  ponernos los bañadores sin causar escándalos y pasar una preciosa tarde de playa. Cuanto el sol dejó de calentar lo suficiente nos calzamos y caminamos hacia un monte desde el que se tienen buenas vistas de los fuertes que en su día protegían el puerto, el Grand y Petit Bé. A este lugar y a los mismos fuertes solo se puede acceder si las mareas lo permiten.

A eso de las 20:00 horas nos dirigimos bordeando la muralla hacia el aparcamiento para ya tomar rumbo al albergue, ducharnos y preparar algo de Cena.

Esta es nuestra última noche en Rennes, mañana acabaremos la jornada en un nuevo albergue en Granville donde pernoctaremos una sola noche. Lo que pase entre medias, lo contaremos llegado el día si disponemos de Internet.

 
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En Francia hay limolios – Día 2

Tras un sueño reparador de 6 horitas y media, bajamos a desayunar para coger fuerzas. El desayuno del albergue en Rennes, consiste en zumo de naranja, lo que hemos bautizado como choky chock o taza de chocolate para que nos entendáis, café, leche, barritas de pan con mantequilla, nocilla, mermelada y cereales varios; Si os lo estáis preguntando, la respuesta es sí, hacemos uso de todas las opciones en un mismo desayuno.

Tras reponer fuerzas, nos montamos en el coche y pusimos rumbo a Vannes, una bonita ciudad del golfo de Morbihan con el típico canal lleno de barcos atracados, impresionantes parques  y un precioso casco histórico encerrado en una muralla, donde puedes ver sus bonitas plazas, el mercado, la catedral y varias de las puertas que dan acceso desde el exterior de la muralla. Comimos en un restaurante que nos recomendaron en la oficina de turismo, no fue caro, pero la verdad, pudo haber estado mejor. Tras haber comido nos dirigimos al pueblecito de Auray, famoso por su puerto medieval. Allí nos encontramos un mercado de antigüedades en la ribera del canal. Subimos hasta un mirador donde se apreciaba una espectacular vista en conjunto del puerto y el pueblo. Luego dimos un paseo por las estrechas calles del mismo apreciando la arquitectura típica de la zona.

Una vez finalizada la visita, nos dirigimos a la zona de Carnac, conocida por los abundantes alineamientos de menhires. Una vez entramos en Carnac, nos fue algo difícil seguir las indicaciones hacia los alineamientos, pero utilizamos la táctica de Vicente (seguir a la gente) y por fin, con mayor o menor esfuerzo, dimos con ello. Tras dejar el coche en el aparcamiento, iniciamos la ruta que nos llevaría por los alineamientos de Ménec, Toul-Chignan, Kermario y su Dolmen y el alineamiento de Le Manio. Impresionantes y numerosos menhires procedentes del Neolítico que al observarlos te preguntas como se las arreglarían para alinearlos de tal manera y colocarlos en esa posición teniendo en cuenta las dimensiones.

Tras la visita a la zona de Carnac, fuimos hacia la península de Quiberón, para quien no lo conozca, imaginaros La Manga pero en estado salvaje, sin apartamentos, con preciosos acantilados y unas espectaculares playas. Hicimos un recorrido bastante largo por la costa y bajamos a una bonita cala, donde nos descalzamos e incluso metimos los pies. No nos pudimos bañar porque aunque hacia buena tarde, el día amaneció lluvioso y no echamos los bañadores.

Aproximadamente a las 21:15 salimos de Quiberón hacia Rennes, con llegada a las 23:30, muy cansados y con mucha hambre. Creo que en el albergue somos conocidos como los que cenan hasta después de la media noche. Mañana nos espera otro intenso día, pero dejad que lo disfrute primero y os lo cuente después.

 
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